Páginas

viernes, 26 de febrero de 2016

Pena de telediario

Lo reconozco. Apenas veo la televisión. Prefiero no dejarme adocenar, o adoctrinar, que al final es lo mismo. Las carencias del sistema educativo de los últimos veinte años han mutilado la capacidad crítica de los españoles. Ello ha permitido que las ondas hertzianas hayan sustituido al razonamiento inductivo, al deductivo y al cognoscitivo. Si algo se afirma en televisión, ese algo adquiere automáticamente la categoría de certeza indiscutible e incuestionable.

Y es en este punto donde voy a introducir una de las ideas fuerza de este artículo: los medios de comunicación, sus periodistas y sus pseudo-periodistas, se han autoerigido en intocables referentes morales y políticos. Intocables porque se parapetan tras una pervertida libertad de expresión que les permite llevar a cabo, entre otras cosas, la mayor obscenidad ética que quepa imaginar: la "pena de telediario".

La "pena de telediario" está constituida por un conjunto no acotado de vejaciones, menosprecios, acusaciones gratuitas, falsedades y condenas grandilocuentes que, una vez impuesta, inhabilita socialmente al condenado. Un derecho fundamental básico llamado "presunción de inocencia" no tiene aplicación frente a la "pena de telediario". Poco importa que más tarde el ajusticiado sea declarado impoluto e inocente en sede judicial. Para entonces su defenestración es un hecho irreversible.

¿Quién exige responsabilidad a los medios de comunicación y a los periodistas, con nombres y apellidos, investidos como jueces absolutos, cuando se equivocan en sus veredictos? Nadie. Absolutamente nadie.

Abordo la segunda idea madre de este post: me parece más que evidente que existe culpa dolosa de los medios audiovisuales en la generación del irrespirable ambiente sociopolítico vigente. Se prefiere la confrontación a la conciliación, el trazo grueso al fino análisis, el grito al sosiego, porque los primeros dan más puntos de "share" que los segundos.

He cargado las tintas de manera deliberada sobre las televisiones, sobre todo porque hay menos pluralidad que en radio o que en prensa escrita y/o digital. Por eso prefiero escuchar diversas emisoras de radio y leer varios medios escritos, de distinta tendencia ideológica, para esculpir una opinión personal. Práctica que aconsejo encarecidamente realizar a mis lectores.

No en vano el crecimiento de los llamados partidos emergentes se ha producido a golpe de tertulia televisiva. La situación de orfandad intelectual de nuestra sociedad que he descrito al comienzo, suponía el caldo de cultivo propicio para que populistas y embaucadores inseminaran en la conciencia política de los espectadores sus mensajes y mantras, por muy absurdos que éstos fueran. Con un éxito innegable, a juzgar por la cosecha de diputados obtenida por nuevas estrellas mediáticas como Iglesias.

Leamos y pensemos por nosotros mismos. No encuentro mejor moraleja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario